sábado, 3 de septiembre de 2011

Diecisiete

Diecisiete años... Sí, parecía que este día no iba a llegar nunca. Lo digo en serio. Llevo algo así como quince días pensando en lo poco que faltaba para este día, pero lo poco que faltaba era en el fondo una eternidad.
Y ya es hoy. Más o menos a estas horas nací, según fuentes tan fidedignas como sólo podrían ser mis queridos papá y mamá.
Y es que ya desde antes de nacer le di a mi madre las dos semanas más insoportables de su vida, coincidiendo con el verano más caluroso registrado hasta la fecha... Yo debería haber nacido a finales de agosto, y sin embargo... Con lo chiquitita que era, y no pude desperdiciar la oportunidad de dar un poquito de follón para que me tuvieran un poquito más en mente.
Aquél 3 de septiembre de 1994 comencé a vivir en este bonito mundo, en este bonito mundo que todos dicen que está cada vez peor, que es una mierda y en el que no vale la pena vivir.
Sinceramente, lo que cada vez está peor es nuestra actitud. Porque no tenemos derecho a quejarnos de algo que no luchamos por cambiar. Porque esto sólo es una mierda si te empeñas en que lo es. Y porque sigo creyendo que este es un mundo maravilloso. Tan maravilloso como cuando tuve el privilegio de nacer. Y cada día más maravilloso porque cada día alguien nuevo llega a él, a disfrutar esta cosa tan bella como efímera que conocemos por el nombre de VIDA... el primer regalo que nos hacen, nuestro regalo de bienvenida.
En realidad, no necesito más regalos, por muchos años que cumpla... Porque nunca me mereceré más regalo que aquel que me hicieron hace diecisiete años.
No me canso de pensar lo genial que está siendo.
No me canso de dar gracias.
Porque es maravilloso sentirte parte de este mundo, sentir que has hecho algo, lo que sea, pero has hecho algo, algo que lo ha cambiado todo,...
Sentir que tienes el poder de iluminar el mundo.
De sonreír por cualquier motivo.
De jugar mil veces al mismo juego y que cada vez te parezca un juego distinto.
De dar un abrazo tan fuerte que piensas que te romperás una costilla.
De sorprenderte a ti mismo cada instante.
De divertirte con lo bueno, con lo regular, con lo malo y con lo peor.
De hacerlo todo.
Sentir que estás VIVO.

Y eso es algo que llevo haciendo diecisiete años. Se han pasado rápido, muy rápido. Pero al menos creo que los he aprovechado.
Ningún tiempo así es tiempo desaprovechado.

Por eso, y por muchas cosas que podría estar escribiendo sin orden ni concierto en muchas líneas, estoy contentísima de que hoy sea mi cumpleaños.
Contentísima.