Es una pena que necesitemos un día para pensar en la violencia de género... porque eso implica que existe... Pero en nuestras manos está cambiarlo. Porque nosotros somos la sociedad. Nosotros somos los únicos que cambiaremos las cosas, y sólo si queremos cambiarlas.
Las perspectivas de cambios en esta sociedad obsoleta y que ya tiene problemas por todos los lados están en la juventud. Y he de decir que tampoco me parecen muy esperanzadoras. Lo digo por experiencia propia. Y muy reciente.
Parece que hay muchos jóvenes que están mal de la cabeza.
Por suerte, no todos lo estamos.
Supongo que por cada persona loca hay una cuerda, para que se neutralicen, claro. Esa es la única esperanza que tenemos para pensar que nuestro futuro cambiará para mejor.
Pero se me ha ido el tema. Estaba hablando de la violencia de género. En el instituto han recitado unos poemas, que eran muy bonitos. Lo sé porque los estoy leyendo ahora: era imposible enterarse de algo con el aula de usos múltiples hasta los topes y el deficiente sistema de sonido del que dispone el centro.
Por eso voy a poner el poema que han leído entre todos.
REGLAS DE JUEGO PARA LOS HOMBRES QUE QUIERAN AMAR A LAS MUJERES
I
El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.
II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.
III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.
IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.
V
El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocura ser pájaro.
VI
El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.
VII
Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.
VIII
El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera,
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.
IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.
X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos,
nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.
XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.
(Gioconda Belli)
Es muy bonito, ¿no os parece? Me habría gustado oírlo. Pero supongo que era demasiado pedirle a una mañana de viernes en el instituto.