domingo, 15 de abril de 2012

Fealdad.

Esta serie de argumentos han surgido esta tarde en una conversación con un amigo vía Tuenti. Para convencerle de que si digo que soy fea no lo considero algo negativo. Ser fea tiene muchas ventajas.
Y algunas de ellas son las siguientes.

1. La gente, de entrada, no se fija en ti. Eso te da bastante libertad para pasar desapercibido cuando quieres.
2. Si alguien se interesa por ti, sabes que no es por tu físico, así que solo puede ser por como eres.
3. Por poco que te arregles, enseguida se te nota.
4. No sientes esa obligación de estar siempre "supermonísima de la muerte", de hecho no lo estás nunca, pero eso es algo secundario.
5. Aprendes a valorar más cualidades tuyas como tu inteligencia, imaginación, creatividad... vamos, las cosas que valen la pena.
6. Miras de otra forma a la gente. Tiendes a no pararte en el físico, intentas llegar a lo que hay en su interior.
7. Te ríes de tu aspecto físico. Te ríes mucho. Y te encanta que los demás se rían también. O al menos te da exactamente lo mismo que lo hagan.
8. Esta razón la he olvidado, maldita memoria de Dori. Uf. Pero era buena, que conste.

Y a éstas se puede añadir un largo etc, pero mi cabeza no da para más en este momento, porque soy una despistada y tal.
Así que, cariños de todas partes que sois tan encantadores y todas esas cosas, dejad de decirme que soy guapa. Es mentira, y no está bien decir mentiras inútiles. Y punto. No lo soy, así que dejad de decírmelo. Mil gracias de antemano.

PD: Los que no me crean es que no me han visto nunca, ni en persona ni en una foto siquiera.

miércoles, 4 de abril de 2012

Margaritas

Margaritas. Tan sencillas, tan comunes, tan sosas... sin aroma, de color blanco y poco destacables... crecen en cualquier parte, las chicas enamoradas no tienen otra cosa que hacer que deshojarlas, son pisoteadas, despreciadas o sencillamente ignoradas.
Son mis flores favoritas.
¿Por qué? Porque son puras y sinceras, un símbolo de humildad y aprecio sin artificios. Porque destacar no convierte algo en más bello o importante. Porque poca gente se da cuenta de lo que valen en realidad, lo que me lleva a identificarlas con algunas personas entre las que-para qué negarlo- me incluyo.
Y si alguien tiene un gesto tan sencillo como cortar una margarita diminuta y ofrecérmela con una sonrisa en el rostro, si alguien lo hace... no sé describirlo. Es pura alegría. Soy consciente de que ni por asomo pensará lo mismo que yo de ellas, pero el gesto se abre camino hacia mi interior y me llega al corazón.
Las coincidencias no existen, no pueden existir. Cuando hacemos algo y no sabemos el motivo, es porque actuamos conforme a nuestra intuición, una intuición que capta cosas de las que ni tan siquiera somos conscientes.
Adoro las margaritas. Las adoro.