domingo, 11 de agosto de 2013

Sueños

Esta es la historia de un niño. Era un niño en el que no te habrías fijado, un niño como todos los demás. Pero es el protagonista de esta historia.
Su nombre es Lucas, aunque lo que importa no es su nombre, sino su historia.
Era un niño con sueños, con miles de alocados y ambiciosos planes. Quería montar una fábrica de chucherías, ir a la luna en una bicicleta con una pecera de cristal como escafandra, acabar con la tristeza contando chistes, y muchísimas cosas más.
Lucas crecía con ilusión, comiéndose el mundo, creyendo que todo era posible.
Con la madurez tuvo que renunciar a algunos sueños, pero no le dolió, pues sabía que eran físicamente imposibles.
Cumplió otros sueños, como estudiar lo que él quería o tener un perro cariñoso al que quería con locura... pero cuanto más crecía, a más sueños renunciaba, y, al final, comenzó a resultarle un tanto decepcionante.
¿Por qué había que dejar atrás tantos sueños?
Si nunca se harían realidad, ¿de qué le servía soñar? Era cruel soñar cosas y no poder realizarlas.

Un día, abatido tras pasar por una calle llena de pobreza y desolación, se sentó junto a un árbol a descansar. Una ardilla se acercó a él y se subió a su rodilla.
Entonces, para la sorpresa de Lucas, la ardilla susurró:
"Mira a tu alrededor: nunca es tarde para hacer tus sueños realidad."
Y se marchó, dejándole una pequeña bellota en el regazo.
Lucas, impactado, tardó unos segundos en hacer lo que la ardilla había dicho. Vio a un niño con su padre: el niño estaba enseñando a montar en bici a su padre. Miró el rostro del señor de rostro con arrugas y pelo canoso aprendiendo a montar en bici, y sonrió.
Entendió lo que el pequeño animalito había querido decir: que no todo es imposible, y podemos cumplir muchos de nuestros sueños.
"No tienes que ser tan dramático, Lucas" dijo para sus adentros. "El único que puede cumplir esos sueños eres tú".
Y se levantó, cogiendo la bellota que le recordó aquel momento de reflexión durante el resto de su vida.

Buses

Notas sueltas de una melodia desconocida suenan en tus oídos mientras viajas en un bus. Un bus que sabes muy bien a donde te lleva. Un bus en el que preferirías no estar montado, pero ea, ahí estás, contando mentalmente los días que quedan para coger otro bus en el sentido opuesto.
Tanto bus arriba y abajo, solo es volver literal la metáfora de la vida.
La vida está llena de decisiones, y cada decisión te sube a un bus con destino desconocido... y bueno, no es malo ir a base de buses.
La melodía cambia, y suena I don't wanna miss a thing, como si el chófer me hubiese leído el pensamiento. Es alucinante, se puede sonreír teniendo ganas de soltar una lagrimilla.
Pero da lo mismo.
Soy un padawan con la fuerza acompañándome, el hombre lobo en noche de luna llena, el mago con la varita de sauco.
Soy yo.
Y con eso tengo garantizado que al fin y al cabo, este será un buen verano.
No el mejor de mi vida... pero sí uno bueno.