domingo, 29 de agosto de 2010

LA DIFICULTAD DEL OLVIDO

Hacía tiempo que no encontraba un espacio en mi tiempo para contaros mis locuras... aunque no creo que nadie las echara en falta, a excepción mía, claro.

Esta vez contaré algo a lo que llevo dándole vueltas tanto tiempo que ya es un revoltijo considerable.
Quizá la mejor palabra para describirme en estos instantes sea la siguiente:
Obsesionada.
Sí, eso es, y además con varias cosas.

¿Alguna vez os han dicho que no penséis en elefantes rosas?¿A que enseguida acude uno a tu rebelde cabecita?
Pues a mí me sucede algo similar.

La razón grita que no lo piense más, que lo deje pasar, que no lo conseguiré...
¡Pero también tengo una parte que se niega a obedecer esta vuelta a la realidad!
No quiero renunciar, no quiero perder algo simplemente por pura cobardía,
no consigo dejar de pensarlo en ningún momento del día,
no hay tregua.

Y no sé para vosotros, pero para mí un debate moral no es lo mejor que digamos para calmar la tempestad obsesiva que ya se ha desatado en todo recodo de mi ser...

No sé qué hacer, no, no lo sé;
pero me gustaría que se acabara de una vez.

Puede que la solución radique en intentar olvidar, olvidarlo todo, lo que ha sucedido y lo que me gustaría que sucediera...
Aunque, como él me ha dicho: "Olvidar cualquier cosa, ya sea buena o mala, es difícil".
¿Por qué tendrá siempre razón? (O casi siempre...)
Lo cierto es que no podría olvidar, al menos aún no, no todavía.

Acabo de recordar un par de frases muy bonitas que quiero que todos conozcáis:

"Que el temor a fallar no te impida jugar". Esta viene de una película Disney (algo tonta, la verdad, pero el mensaje me encantó).

"HAY COSAS QUE SABES QUE SON UN ERROR, PERO QUE DEBES HACER PARA COMPROBAR SI REALMENTE ERAN UN ERROR O UN ACIERTO EN TU VIDA". Esta frase, mucho más importante, viene de la serie estadounidense Cómo conocí a vuestra madre. Concretamente, es algo que Lily le dijo a Ted, y que Ted convirtió en una de sus creencias ciegas.


Ahora que lo pienso... otra vez he caído en la trampa tendida por mi subconsciente: otra vez estoy compadeciéndome por una tontería, otra vez he regado el brote de negativismo que pretendía erradicar para siempre... ¡así no conseguiré nada!

Retomando la frase del título... No lo olvidaré, es cierto, pero porque es algo bueno en mi vida...
¿Acaso importa el cómo?
¿Acaso importa el por qué?
Lo único que importa es que, de una forma u otra, por lo que sea, está en mi vida, y me ayuda a ser una mejor persona de lo que soy sin él.
Y eso me hace feliz.
Feliz.

Paciencia es lo único que necesito: paciencia para evitar la obsesión negativista, paciencia para que las partes implicadas en el debate agoten sus ideas, paciencia para que la tempestad se calme.
Paciencia que me ayudará con la felicidad.

Menos mal que mi parte positiva me rescata siempre, porque en caso contrario, ¿qué sería de mí?

No hay comentarios:

Publicar un comentario