Carta dirigida a Frustración, en una tarde en la que mi cabeza no deja de dar vueltas.
Ay, Frustración, eterna compañera... ¿Cuánto tiempo llevamos juntas?
¿Cinco años?
¿Diez?
¿Toda mi vida?
Puede que incluso más tiempo.
Y en toso este tiempo, me has aportado EXACTAMENTE lo que sueles aportar a todo el mundo: esa horrible sensación de que mis intentos no van a ningún lado, que no conseguiré nada de lo que me proponga; esa mezcla de tristeza y decepción con su puntito de realidad cruel...
Me recuerdo al elefante del cuento.
¿No os lo he contado nunca? Pues es un cuento de Jorge Bucay que dice así (no os extrañéis de la primera persona, está contado desde el punto de vista de su autor, de ese genio de la escritura y la psicología):
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales.
También a mí, como a otros, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra.
Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?
Yo tenía 5 o 6 años. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia:
-Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
"El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño."
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
En todos sus intentos sólo te tuvo a ti, Frustración; hasta que llegó el momento en el que se cansó de tus heridas y decidió no volver a intentarlo.
La lástima es que así te regaló la partida.
Era eso lo que tú querías: que se rindiera, que cayera en tu red y nunca pudiese separarse de tu recuerdo constante.
Muchas veces he estado en ese punto, en el punto de no seguir intentando nada. Por suerte, siempre ha habido algo que me ha devuelto al camino del intento: una mirada, una sonrisa cálida y sincera, una persona que se ha cruzado en mi vida, algo imperceptible e inexplicable, un ser de luz... cualquier cosa por la que merezca la pena seguir sin tomar el camino que tan fácil nos pintas, Frustración.
Es por eso que he decidido que quiero cortar nuestra relación.
Y esta no será una vez más.
Esta es LA VEZ.
La vez que será definitiva. Ya sólo seremos viejas conocidas, porque de ahora en adelante nuestros caminos se bifurcan, "querida".
Y no creas que no va en serio... Porque sé que piensas que será como en tantas otras ocasiones, que acabaré por volver contigo ¿a que sí?
Lamento decepcionarte.
Estoy tomando una decisión importante, y solamente mirando a mi alrededor encuentro cientos de cosas (creo que más) que me indican que estoy eligiendo la opción correcta.
Bueno, pues eso, que ya no quiero que sigas junto a mí.
Así que ya sabes.
Esta es LA VEZ en que te digo de corazón y con firmeza algo resumible en una palabra, simple, sin rabia ni rencor:
ADIÓS.
No hay comentarios:
Publicar un comentario