viernes, 26 de agosto de 2011

EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

Hace un par de días fue el cumpleaños de una de las personas que más quiero en el mundo, aunque a veces se lo hago pasar fatal y suele acabar enfadada conmigo como mínimo...

Aunque creo que es lo que nos suele pasar a todos con nuestros progenitores, ¿no?

Pues sí, por si no lo habíais adivinado, hablo de mi madre.

Mi mamá ya tiene "casi" medio siglo... y no aguanta cumplir años. Dice que no le gusta celebrarlo.



Yo no consigo entender cómo es posible que no le guste que todos los que la queremos dediquemos un día a felicitarla por todos los años que ha estado iluminando el mundo y le hagamos regalos como muestra de nuestro afecto, para que vea que siempre está en nuestro corazón aunque no se lo demostremos demasiado a menudo.

Porque para mí es éste el auténtico significado de celebrar un cumpleaños. Me gusta más verlo así.



Y yo quise regalarle algo especial, porque ya tengo una edad y considero un tanto repetitivo comprarle una colonia año tras año, ¡LA MISMA! Así que este año he decidido hacer algo especial, una de esas cosas que no valen nada y a la vez lo valen todo...





... le he regalado UN CUENTO.

Vaya regalo, ¿eh?



Pero no es un cuento cualquiera. Me gustaría decir que es mío (ojalá, pero es demasiado bueno, yo no sé escribir así de bien), pero es de Jorge Bucay. En cuanto lo leí, fue ella la que me vino a la mente. Así que cogí un boli y un folio y copié el cuento, le expliqué al final por qué le regalaba precisamente ese cuento, lo arreglé un poco y se lo di.

Y como no me gusta hablar de algo y dejar la cosa a medias, voy a escribir el cuento en esta entrada... Un cuento llamado El verdadero valor del anillo.





Un joven concurrió a un maestro en busca de ayuda.

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar, maestro?¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-¡Cuánto lo siento muchacho! Pero no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E...encantado, maestro-titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades, postergadas.

-Bien-asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, agregó:-Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Éstos lo miraban con algún interés... hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban la espalda y sólo un viejecito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado-más de cien personas-y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.

-Maestro-dijo-lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo!-contestó sonriente el maestro.-Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¿¡58 monedas!?-exclamó el joven.

-Sí...-replicó el joyero-Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate-dijo el maestro después de escucharlo.-Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y, como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.






Pero aquí falta algo... Aquí falta mi toque personal, por supuesto. Para mí añadir algo de mi puño y letra es algo irresistible.

Aquí está lo que falta.





Este cuento es para que reflexiones un poco. Tu verdadero valor sólo puede saberlo un experto. Los demás no tienen ni idea. Ni los demás ni tan siquiera tú misma.

Porque nuestro valor siempre es mucho mayor de lo que jamás nos imaginamos... Y tú seguro que eres muy muy valiosa, porque si vales más de lo que yo creo, tela...

=)

No te olvides nunca de esto: por mucho que te saque de quicio, que te contradiga, que sienta la imperiosa necesidad de explicarte cómo funciona mi mente cuando no te interesa lo más mínimo, que te haga enfadar mucho más que cualquier otra persona de este mundo...

Por mucho que haga todo eso, nunca te olvides de que te quiero.

Te quiero muchísimo.

Y doy gracias cada día porque seas mi madre.



Nunca lo olvides.

Nunca.





Un poco cursi, tal vez... Pero es que a veces las cosas que sentimos son cursis. Para qué ocultar la verdad. Lo mejor que podemos hacer es aceptar las cosas como son, por muy empalagosas que sean.

Y que este cuento, y prácticamente toda la dedicatoria, sirvan para todo el mundo.

Porque ni tan siquiera nosotros mismos podemos reconocer nuestro verdadero valor.

Tal vez lo descubramos algún día.

O tal vez no.

Aunque eso no importa.

Lo que importa de verdad es conocer nuestros propios límites. Porque saber que no podemos saber algo es muy reconfortante.
Y aquí lo importante no es saber lo que valemos, sino que tenemos un valor.

Qué más dará el que sea.



viernes, 19 de agosto de 2011

DESEO CONCEDIDO

Un grito a mi lado. Aunque son las 10.25, no es posible tener tranquilidad por más tiempo... Y no me gusta. No me gusta porque las mañanas son MI momento, cuando sólo estoy yo despierta y puedo hacer lo que me apetezca sin oír a nadie hasta las 12 y algo como mínimo. Bueno, también es verdad que tengo que estar pendiente de lo que necesite mi yaya (quiero decir, mi abuela), porque la mujer cada día hace menos, se siente insegura al caminar y a veces la memoria le falla tanto que no se acuerda ni de cuánta insulina tiene que pincharse... pero ayudar a mi yaya es algo que no me importa hacer (aunque a veces es algo muy pesado, para ser fiel a la verdad).

Lo que intento decir es que me gusta estar sola por las mañanas.

Pero como es algo tan difícil de entender para la persona que está viendo la tele junto a mí, tendré que renunciar a mi momento.

No importa: tengo más cosas que hacer, hoy estoy yo de responsable (vaya chiste, YO responsable...) porque mi madre se ha ido al médico y no va a volver hasta quién sabe cuando, porque nuestra médica no se puede decir que se preocupe por el paso del tiempo... perfectamente puedes estar dos horas esperando y otra hora más en consulta.

A pesar de eso, se la quiere mucho.

Así que me voy, no me lío más a escribir, porque estoy comenzando a notar que me ha salido un engendro muy difícil de entender.

Seguro que al irme le hago un favor: yo sé que no está viendo realmente la serie esa para tonticos que dan en la Neox. Lo que quiere es que me largue para ponerse a jugar aquí, porque considera que sus juegos son más importantes que mis locuras.



Y siendo así...

DESEO CONCEDIDO

Porque, aunque a veces es un poco inoportuno, quiero muchísimo a mi hermano pequeño.