viernes, 2 de marzo de 2012

Un ángel con bata blanca.



Una médica que cuando te ve en su consulta te da un abrazo de esos que nunca terminan (y que no quieres que terminen). Su sonrisa te da fuerzas. Tiene tanta energía positiva que, si entrecierras un poquito los ojos, la ves brillando a su alrededor. Te dice lo que nadie te dice, lo que ni tú misma eres capaz de decirte. Va dejando amor y paz por donde pasa. Es imposible estar triste con ella cerca.
Y si encima se dedica a poner en un altar inmerecido todas esas pequeñas virtudes que tienes (recalquemos el "pequeñas", que debería ser "pequeñísimas"), ¿qué más se puede pedir?
¿Que te ponga tratamiento para tus enfermedades? También lo hace.
La quiero. Sencillamente la quiero. Viendo a profesionales como ella, viendo lo que consigue conmigo en un instante, me siento orgullosa de lo que quiero ser. Viéndola sé por qué quiero ser médico.
Y si alguien me dijera en un futuro que me parezco a ti, te aseguro que no podría hacerme mayor cumplido.
Porque eres maravillosa.
Pareces un ángel. De hecho, en alguna ocasión me he preguntado si lo eres. Al fin y al cabo, cumples muchas de sus características. 
Sí, vale, llevas una bata blanca en lugar de alas. Pero eso es lo de menos.
Podría escribir y escribir mucho más acerca de ti... Aunque entonces no acabaría nunca. Eres tan compleja que nunca llegaría a abarcar todas tus maravillosas cualidades.
Espero que con este humilde post te puedas hacer una idea aproximada de lo que significas para mí.
(L)

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