lunes, 29 de julio de 2013

Vientos de cambio

Miró el letrero de neón apagado y olvidado.
Nadie lo miraba ya, olvidaron su presencia hace algún tiempo.
Pero ella lo seguía viendo: un rastro, un recuerdo de lo que en otro tiempo fue un gigante comercial, ahora absorbido y sustituido por otra cadena más grande y con un mayor apetito de consumidores aborregados por la masa de la ciudadanía.

Qué lástima que no hubiese cambiado el perro sino solo el collar.

Suspiró mientras se frotaba las manos en un vano intento de combatir el frío de la madrugada.
Aún le quedaba un largo camino por delante y tenía que soportar aquel frío que se le metía por los huesos y la hacía tiritar.

El luminoso de neón le recordaba, día tras día, contra lo que tenía que luchar.

La revolución estaba cerca.
Se sentía en el grito de hambre de las calles.
Hambre de alimentos, de justicia, de libertad: hambre.
Se sentía en los rostros de sus compañeros, con los que ahora iba a reunirse una vez más para perfeccionar el plan para derrocar el régimen.

Pese al condenado frío del ambiente, no pudo evitar sonreír.

"Se avecinan vientos de cambio" pensó.

"Y, esta vez, al fin... soplan a nuestro favor".

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