domingo, 7 de febrero de 2016

1. Lucha

1. Escribe sobre un sueño o pesadilla que hayas tenido esta semana.

Supongo que tal vez le echo más de menos de lo que me gustaría admitir, y por eso recuerdo aquel sueño. No es lo habitual: mis sueños, tanto los buenos como los malos, prefieren quedarse a vivir en las tierras del olvido.
Recuerdo que el sol era agradable sin ser sofocante, y que nuestro hogar olía a hierba fresca y a flores. Por fin el lluvioso invierno se había retirado, el kraken del lago acabaría pronto su letargo y no se nos congelarían las manos sin guantes. Algún senderista despistado cruzaba por nuestro campamento con la consecuente estupefacción, como es comprensible. Yo también me quedaría a cuadros si en pleno siglo XXI viese un grupo como el nuestro, con las túnicas y las armas, luchando como si no hubiese nada más placentero. Entre nosotros, creo que pocas cosas se le pueden comparar.
 
Mientras escribo estas líneas contemplo mi espada al otro lado de la habitación. Al hacerlo, recuerdo todo, tanto lo vivido como lo soñado, y no puedo evitar sonreír.
Puedo ver la cara de la persona a la que quiero frente a mí, con un arma prestada por uno de mis compañeros, temeroso de luchar contra mí al principio, después soltándose poco a poco, llegando a disfrutarlo. Veo cómo mi sonrisa se ensancha hasta límites que últimamente había olvidado que tenía. Sé que todos se alegran de verme así de feliz, porque llevo tiempo sin serlo, tanto que algunos ni han conocido la alegría en mi rostro como norma y no como excepción.


Sí, no fue un sueño fuera de lo común, y no me importa. Lo bueno de estos sueños tan cotidianos, tan reales, es que al evocarlos vuelvo a sonreír, como ahora, pensando en el momento en que acabó el combate y sin soltar las armas le abracé y besé. 
Una pena que él esté ahora muy lejos y que nunca le hayan gustado nuestras bárbaras costumbres.
Aun así, no importa. Siempre podré soñar.  

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