La distancia mataba a Sara y Luna. No podían soportarlo. Deseaban volver a aquél mágico lugar en el que habían pasado tantos buenos ratos, a aquella mágica casita junto a la cala abandonada.
Cuando descubres como canalizar la magia de tu interior, la naturaleza se vuelve una extensión de tu cuerpo, tanto que vivir alejado de ella es como ser un unicornio al que le han serrado su cuerno.
Si por ellas hubiese sido, nunca habrían abandonado aquel lugar. Bueno, tal vez sí, para regresar a las tierras que veía Luna en sueños, para volver a los bosques de la cornisa cantábrica, sus orígenes. Nunca había estado allí en realidad, pero en Luna había algo de meiga, tal y como delataban los destellos verdiazulados en su pelo oscuro, o su capacidad de dominio sobre los animales y la clarividencia de sus sueños.
Pero Sara necesitaba superar sus miedos en el mundo exterior, en ese cruel mundo que la había maltratado y menospreciado durante tantos años, tantos dolorosos años... Ahora que gracias a Luna-su reflejo luminoso, su apoyo cuando iba a caer al abismo-había recuperado sus ganas de vivir, luchar y sonreír, era el momento. Por eso estaba tan lejos, porque estaba luchando, defendiendo sus ideales en el mundo que un día la hizo odiarse y desear la muerte.
Y Luna tenía también tareas pendientes. Quería cumplir su sueño: dominar su don para la curación y utilizarlo para ayudar a todas las personas que estuviera en su mano ayudar.
Pero la conexión entre las dos brujas era muy fuerte, tan fuerte que ninguna abandonaba totalmente la mente de la otra. Por ello podían mantener conversaciones telepáticas de vez en cuando.
Conversaciones como la de aquella tarde de viento en la que el cielo se había nublado y unas tímidas gotas impactaban contra el suelo, lágrimas de unas nubes tristes.
-Sara, estoy tan alejada de la naturaleza que ya ni sé cuál es mi elemento.
-Yo creo que tu elemento es la tierra, porque, según yo lo veo, los tierra son personas que aman a los demás por naturaleza, viven en armonía con todo lo que les rodea, en su corazón la violencia la repelen, son fieles a sus amigos, jamás harían daño a alguien a no ser que sea en defensa propia y aman, aman con toda su alma.
-Tantos cumplidos en una palabra tan sencilla... ¿Te he dicho hoy que te quiero?
-No, no lo habías dicho-la sonrisa de Sara era hasta perceptible telepáticamente.-Y tú, ¿cuál crees que es mi elemento?
-Fuego, sin ninguna duda.
-¿Por qué?
-Porque eres pura pasión. Tienes mucho poder en tu interior. Un poder que puede ser usado bien y dar calor y consuelo, ser el motor de muchas cosas, pero que puede acabar por destruirte a ti y a los que te quieren. Algo de lo que tú eres consciente... No temas tu poder, porque el que se quema es el que se acerca al fuego con miedo. Abrázalo y canalízalo hacia lo que tú quieres. Serás alguien muy grande algún día, lo sé.
-Creo que hoy yo tampoco te que dicho que te quiero.
Así pasaron mucho rato, tal vez horas, tal vez toda la tarde. Las nubes se disiparon y los últimos rayos del sol iluminaron la tarde, para dar paso a una bellísima noche de luna llena.
Sara sonrió, sonrió como llevaba días sin hacerlo. Porque Luna era su razón para seguir cuando las fuerzas la abandonaban, y aquella tarde, precisamente aquella tarde, sin ella podría haber cometido la mayor locura de toda su vida.
Y Luna, a más de quinientos kilómetros de distancia, miró al cielo salpicado de estrellas y le devolvió la sonrisa, porque nada la hacía sentir mejor que saber que su compañera de hechizos y vivencias era feliz, donde quiera que estuviese.
Fuego y tierra pueden construir grandes cosas. Apenas tengo palabras para describir todos los sentimientos que me ha despertado este texto. Siento que el estómago se contrae ante la veracidad y fuerza de todas estas palabras, y al acabar, una lágrima de gratitud, felicidad, llámalo como quieras, ha caído por mi mejilla maldiciendo todos los kilómetros que nos separan para no poder abrazarte.
ResponderEliminarEs simplemente perfecto.