lunes, 4 de junio de 2012

Quién me lo iba a decir.

¿Quién me lo iba a decir?
¿Quién?

Lo que no puede ser, no puede ser. El corazón es caprichoso. Suele enamorarse de personas que no comparten el sentimiento. Nunca imaginé que yo sería algún día la que no compartiera el sentimiento, y no la enamoradiza.

Y ahora me siento culpable. Culpable de tus pesadillas, de tus lágrimas, de todas esas cosas. Y frustrada porque no puedo hacer nada, porque yo no puedo modificar mis sentimientos, ni hacia ti ni hacia nadie.

Pongo la lista de reproducción de todas esas canciones en YouTube. Mi sonrisa aparece, pero ya no es la sonrisa alegre que me surgía cada vez que hablaba contigo. Ahora es una sonrisa resignada, porque sé que lo que necesitas es alejarte de mí, alejarte mucho de mí.

En realidad, lo acepto. Soy una persona muy egoísta, pero no tanto como para que me preocupen más mis deseos que tu bienestar. Quizá no debía de escribir esto. Pero necesitaba hacerlo. Porque no puedo contarle a nadie cómo me siento ahora, porque nadie lo entendería y yo no podía aguantarlo en mi interior mucho más tiempo.

Me gustaría creer que algún día volverás, que podrá todo ser como antes. Me gustaría.
No quiero hacerme ilusiones. Así que prefiero no pensar nada. Al menos sé que si desapareces para siempre de mi vida no será tan duro de asimilar, y si algún día vuelves me llevaré una alegría tremenda.

Sabes bien que yo siempre acabo todo lo que te escribo con esas dos palabras al final, pero ahora pienso que no debería decírtelas, aunque las siga queriendo decir. Porque puede que te provoquen más dolor.
Y no te mereces sufrir por nadie, y mucho menos por una tía tan insignificante como yo.

...

Sonríe. Vive. Olvídame si es lo que deseas. Pero no olvides que eres increíble y que si crees en ti llegarás a donde quieras llegar.
ERES ESPECIAL. TE MERECES ALGO ESPECIAL.

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