Una luz. Pequeña, titubeante. Luz de las que suele pasar desapercibidas, a veces hasta para ella, que siempre se ha fijado en las luces, quedando asombrada por su brillo, único y diferente. Pero en esas circunstancias ninguna luz escaparía a su mirada.
La luz se convirtió en su guía. Le dio consuelo mientras todo lo demás la angustiaba. Ella recordó que aún quedaban motivos para sonreír, como siempre había pensado. La luz pasó a ser parte de esas pequeñas cosas que hacían más feliz su existencia.
Poco a poco las circunstancias cambiaron. Desaparecieron las tinieblas, la tensión y los motivos de miedo y duda. Todo sin que ella se diera cuenta de nada, pues su atención era toda de esa luz que la había encontrado cuando se perdió en la oscuridad.
A pesar de ello, pronto notó el cambio. Su luz, su pequeña y adorable luz, resultó no ser solo luz.
No era una llama solitaria.
Sonrió.
¿Cómo no se había dado cuenta de que esa llama era propiedad de una persona, como ella?
Y por primera vez vio al chico que había permanecido anónimo en las tinieblas, pero que no la había dejado perderse.
La sonrisa motivada por semejante descubrimiento se le borró al percibir una profunda tristeza en esos dulces ojos marrones.
- ¿Por qué estás triste?
- Ya no me necesitas. Ahora me abandonarás para siempre, seguirás tu camino donde lo dejaste. Sé que no tengo derecho a quedarme contigo. Pero no puedo evitar sentirme triste.
Ella recuperó su sonrisa. ¿Acaso él no se había dado cuenta de lo que suponía para ella? ¿Creía que lo dejaría, así, sin más? En ese breve periodo de tiempo él había hecho muchísimo por ella. En su interior crecía la certeza de que, si él no se negaba, no lo abandonaría jamás, de que lo quería en su vida, lo quería junto a ella pasara lo que pasase.
Él por fin consiguió que el balbuceo nervioso se convirtiera en una frase que ella pudo entender.
- ¿Por qué sonríes?
- Porque no me separaré nunca de ti.
Y se abrazaron, se abrazaron intensamente. Con amor.
El amor es un sentimiento puro y sencillo, que adopta muchas formas. Ellos no sabían cuál sería suya. Amigos, casi hermanos, pareja, ¿qué más daba? Seguirían unidos, seguirían guiándose mutuamente. Ninguno de los dos se perdería nunca más.
Aquel día las personas que se dan cuenta de hasta los más pequeños detalles notaron un cambio. Los colores eran más brillantes. El sol, más calido y acogedor. Las sonrisas asomaban antes en las caras de la gente.
Porque cuando dos luces se juntan brillan de tal manera que nadie puede perderse en las tinieblas.
Relato ficticio inspirado en la canción de Tierra Santa con el mismo título y en mis vivencias de los últimos días. Puede que exagere, pero a mí no me lo parece, no tiendo a exagerar, me limito a lo que veo. Espero que te guste, que os guste aunque no lo entendáis.
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