domingo, 27 de enero de 2013

Hojas secas

Movió sus pies desnudos, distraída, sobre el lecho de hojas secas en el que estaba sentada. Los miró. Qué feos eran, por Dios, con las uñas sin pintar, el dedo índice más largo que el pulgar, y demasiado grandes para la altura que ella tenía.
Estaban fríos... Pero le gustaba sentir el frío en sus pies. Gracias a ello podía pensar con más claridad.

Odiaba haber huido así, pero su energía no era ilimitada, pese a su naturaleza mágica.
Luna miró al cielo, un sencillo cielo gris, repleto de nubes.
Odiaba no haber podido hacer nada por él.

"¿De qué me sirven mis poderes si no logro reconfortar a quién quiero cuando lo necesita?"
Suspiró.
La historia se repetía demasiado a menudo.
"Soy una inútil".

Una lágrima corrió por su mejilla, una lágrima que sabía que no era suya, sino de esa otra persona. La parte que vivía en su corazón estaba triste, muy triste. Y ella no había sido capaz de hacer nada. Nada.

Casi inconscientemente, Luna se puso a cantar entre susurros.

"Ahora duerme,
ya no llores más,
que mañana
todo cambiará.
Yo alejaré tus miedos
y los males que te rondarán.
Ya no llores más.
Ya no llores más."

Ojalá él pudiera oírla. Quizá ni siquiera estuviera llorando. Pero Luna sabe que su corazón llora, y eso es lo único que importa.
Sonrió, algo triste, y cogió una hoja del suelo. Cierra los ojos y se centra únicamente en el tacto, seco y rugoso, de esa hoja. A veces las hojas caen y se secan para que nazcan nuevas hojas, verdes, brillantes, llenas de vida. Es un ciclo. Las estaciones cambian, y el árbol, mucho más sabio que ella, sabe que el cambio forma parte de su vida. Y eso no lo entristece ni alegra, sólo es algo que asume y para lo que está preparado.
Poco a poco se tranquiliza. Otra vez, como tantas otras veces, se puso a cantar.

"Let me light up the sky, light it up for you".

Quizá el cielo sea gris, pero Luna ha recuperado los colores para pintarlo de nuevo, las ganas de sonreír con verdadera alegría, la fuerza para transmitir coraje a quienes más quiere.
Como a él.

Es un fastidio tener límite de energía. Suerte que la magia nos rodea y Luna siempre podrá recuperar sus reservas fácilmente.

T'estime, no pense deixar que estigues així. M'agrada veure com somrius, m'agrada escoltar que ets feliç, m'agradaria estar al teu costat sempre i abraçar-te com si fóra l'única cosa que importara. 
Ets especial. Jo sé que no entendràs açò, però volia escriure-ho d'aquesta manera. Sempre m'ha semblat més bonic un "t'estime" que un "te quiero". 
T'estime.

Luna partió, sin más, retornando a su vida diaria, sujetando con suavidad la frágil hoja seca en su mano, recordándose así la lección que había aprendido y que tenía que ser capaz de transmitirle.


sábado, 19 de enero de 2013

Eterna sombra

Sólo me salen palabras tristes, pensamientos tristes. Y además sin motivo. A veces soy un poco idiota, eso es todo.
¿A veces?
¿A VECES?

Si me pudiéseis ver aquí, triste pero sonriendo de forma sincera, pensaríais que me pasa algo muy raro. Pero no es raro. Al menos no muy raro.
Es sencillamente que repito en mi cabeza un poema, un trozo de un poema más bien. ¿De quién? De Miguel Hernández. Siempre es Miguel Hernández.
Me transmite esperanza, calma, fuerza.
Ojalá tengáis algo, lo que sea, que os transmita estas cosas cuando os falten.
En concreto, el poema es Eterna Sombra, la última estrofa.

Hoy no dejo de repetirme esto:

"Soy una abierta ventana que escucha
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida".

Y sólo con dos frases hay algo que vuelve a mí. Algo muy bueno.


domingo, 13 de enero de 2013

Lágrimas.
Lágrimas deseosas de salir, pero que retienes.
Unas lágrimas que no son propias de ti.
Ni siquiera sabes cuál es el motivo de tus ganas de llorar.
Sólo que quieres llorar.
Llorar sin parar. Hasta que te quedes sin fuerzas para nada, ni siquiera para pensar.

Debería salir. Sé que debería salir a aparentar normalidad con las familias de mis otras compañeras. Pero no tengo fuerzas para aparentar algo que no es.
De momento me centro en no hundirme.

Quizá todo esto sea por los exámenes. Quizá.
Si es por eso, al menos tengo el consuelo de que acabará pronto.
Con mi suspenso, claro.
Pero mejor un suspenso que esta tortura.
Aunque claro, ni siquiera sé si es por los exámenes.

Me miro al espejo.
¿Quién es esa que me devuelve la mirada al otro lado?
Tiene los ojos brillantes, pero de lágrimas, no de alegría.
No sonríe. Sus ojos en seguida se desvían hacia el suelo.
Y de repente no puede contener por más tiempo las lágrimas.

Esa no soy yo. Y me duele. Me duele verme así.

Que le den. No voy a hundirme más. Lloraré lo que sea inevitable, a ver si deja de dolerme la cabeza. Pero no voy a hundirme más. No. Esa etapa ha pasado y no la pienso dejar volver.
No va a volver.
No va a volver.
No va a volver.