Movió sus pies desnudos, distraída, sobre el lecho de hojas secas en el que estaba sentada. Los miró. Qué feos eran, por Dios, con las uñas sin pintar, el dedo índice más largo que el pulgar, y demasiado grandes para la altura que ella tenía.
Estaban fríos... Pero le gustaba sentir el frío en sus pies. Gracias a ello podía pensar con más claridad.
Odiaba haber huido así, pero su energía no era ilimitada, pese a su naturaleza mágica.
Luna miró al cielo, un sencillo cielo gris, repleto de nubes.
Odiaba no haber podido hacer nada por él.
"¿De qué me sirven mis poderes si no logro reconfortar a quién quiero cuando lo necesita?"
Suspiró.
La historia se repetía demasiado a menudo.
"Soy una inútil".
Una lágrima corrió por su mejilla, una lágrima que sabía que no era suya, sino de esa otra persona. La parte que vivía en su corazón estaba triste, muy triste. Y ella no había sido capaz de hacer nada. Nada.
Casi inconscientemente, Luna se puso a cantar entre susurros.
"Ahora duerme,
ya no llores más,
que mañana
todo cambiará.
Yo alejaré tus miedos
y los males que te rondarán.
Ya no llores más.
Ya no llores más."
Ojalá él pudiera oírla. Quizá ni siquiera estuviera llorando. Pero Luna sabe que su corazón llora, y eso es lo único que importa.
Sonrió, algo triste, y cogió una hoja del suelo. Cierra los ojos y se centra únicamente en el tacto, seco y rugoso, de esa hoja. A veces las hojas caen y se secan para que nazcan nuevas hojas, verdes, brillantes, llenas de vida. Es un ciclo. Las estaciones cambian, y el árbol, mucho más sabio que ella, sabe que el cambio forma parte de su vida. Y eso no lo entristece ni alegra, sólo es algo que asume y para lo que está preparado.
Poco a poco se tranquiliza. Otra vez, como tantas otras veces, se puso a cantar.
"Let me light up the sky, light it up for you".
Quizá el cielo sea gris, pero Luna ha recuperado los colores para pintarlo de nuevo, las ganas de sonreír con verdadera alegría, la fuerza para transmitir coraje a quienes más quiere.
Como a él.
Es un fastidio tener límite de energía. Suerte que la magia nos rodea y Luna siempre podrá recuperar sus reservas fácilmente.
T'estime, no pense deixar que estigues així. M'agrada veure com somrius, m'agrada escoltar que ets feliç, m'agradaria estar al teu costat sempre i abraçar-te com si fóra l'única cosa que importara.
Ets especial. Jo sé que no entendràs açò, però volia escriure-ho d'aquesta manera. Sempre m'ha semblat més bonic un "t'estime" que un "te quiero".
T'estime.
Luna partió, sin más, retornando a su vida diaria, sujetando con suavidad la frágil hoja seca en su mano, recordándose así la lección que había aprendido y que tenía que ser capaz de transmitirle.

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