¿Qué ves?
Veo una atalaya, a lo lejos, que se funde con el horizonte.
La veo y mi sonrisa desaparece. Fue construida a base de mentiras. Mentiras
crueles, mentiras piadosas, mentiras con un objetivo despiadado, mentiras que
manipularon corazones crédulos. Miles de mentiras, una sobre otra, desafiando
en altura a los cielos.
Veo muchas flores, y huelo su fragancia en el aire que me
rodea. Ninguna flor huele mejor que cuando está a punto de morir a manos del
calor del recién llegado verano. Veo mariposas revoloteando a su alrededor, despreocupadas.
Recuerdo que un día me hacían reír. Ahora la risa persiste, pero con el sabor
ligeramente amargo de las pinceladas de envidia. Reconocedlo: no soy la única
que de vez en cuando anhela ser como ellas en el estrés de nuestras patéticas
vidas.
Veo a un par de pequeños zorros. Se asustan y huyen nada más
verme. No puede negarse que son seres astutos: ante alguien como yo, no
quedarse siempre es la mejor opción.
Cierra los ojos...
Al cerrar los ojos sigo viendo, pero de otra forma.
Veo la trayectoria del viento, que silba en mis oídos. El sonido
es frío, seco, cortante. Como si se tratase de la flecha que pasa rozando tu
cabeza pero decide no acabar con tu existencia. Saboreo las gotitas que caen de
la fina herida que la flecha reabrió en el pómulo, no muy profunda, aunque sí
lo suficiente.
Veo mi tristeza, que le da la mano a la frustración antes de
ponerse cómodas en el interior de mi cabeza.
Veo una puerta cerrándose...
Me pregunto cuánto tardaré en encontrar una ventana.
Ante alguien como tú, quedarse, siempre es la mejor opción. De lo contrario uno no podría ver cuán bello puede ser alguien como tú. Los zorros quizás sean astutos, pero también huyen a la mínima, si la escucharan decir aunque sea un pequeño y débil "miau" de los suyos, estoy más que segura de que se quedarían, y seguramente la dejarían que les rascases las orejitas y el cuello.
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