12-11-15. 23:20. Servicio de Urgencias. Dra. IGB.
INFORME DE INGRESO.
Varón blanco no identificado, 25 años de edad. Camisa rota, zapatos desgastados, mirada vidriosa.
Llegó en mi guardia a las 21:15 con un estado confusional leve, diciendo que estaba perdido. A la primera exploración neurológica se constató una franca dificultad para afirmar si estaba despierto o seguía dormido. Al parecer, según declaró, llevaba mucho tiempo así.
Su voz era ronca, agotada, triste.
El motivo de consulta fue una intoxicación etílica leve-moderada (pupilas dilatadas, aliento etílico, sueños dichos en voz alta con demasiada facilidad para no haberme visto nunca), aunque si soy sincera, no sé si la culpa de sus dolencias la tenía el alcohol o simplemente se lo había ido haciendo la vida. No es que hubiese muchos años de diferencia entre nosotros, pero era patente quién había salido más perjudicado.
Apariencia de gravedad, con palidez franca y ojeras en las que se perdía la cuenta de las noches sufridas. La exploración física demostró la existencia de un corazón roto tras soportar innumerables heridas de forma crónica. Suspiros frecuentes, pero su causa no parecía ser una dolencia física.
Se le remitió de forma urgente a la unidad de cirugía torácica. Recuerdo que me sonreía desde la camilla al ver mi preocupación y tenacidad, antes de que comenzase el sueño de la anestesia.
"Doctora, yo ya estoy muerto, pero gracias por intentar encontrarme una salida".
La operación ha ido bien. Aunque dañado, ese corazón es fuerte, apenas ha necesitado de mi ayuda. Ahora esperamos a que despierte. Necesita descansar, pero creo que se recuperará pronto.
Quiero que lo haga.
Porque no sé quien es, pero sé lo que es.
Es otro como yo, un loco cualquiera, cansado de todo, de vagar de aquí para allá, de las decepciones, de las mentiras. Alguien fuerte, pero no tanto como le gustaría.
Y también sé algo más: merece la oportunidad de cambiar de vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario