Os dejo el prólogo, para que lo leáis a los que les interese...
Aunque no es precisamente literatura de primera clase, os lo puedo decir con absoluta certeza, dado que lo he escrito yo.
Ahí va...
La habitación estaba a oscuras. Por la ventana mal cerrada entraba el gélido viento propio de los días finales de diciembre.
Andrea se hallaba sentada en la alfombra persa de la habitación.
Tenía frío en el rostro, pero no le prestaba atención; su atención solamente estaba fija en el horrible artefacto que yacía entre sus manos. El cuchillo jamonero estaba ensangrentado, maculado de sangre fresca.
¿Cómo había llegado su locura a tal extremo? Ella no era una asesina, no podía serlo… Pero allí estaba, contemplando el cuerpo sin vida de la joven, vida perdida por su causa… ¿Y qué era la persona que mata, sino una asesina?
Para entender lo que a nuestra joven asesina le pasaba hemos de conocer toda la historia.
Aunque tal vez su historia no nos haga comprender la sonrisa que entonces asomó en su rostro, ni la malicia que atravesó su mirada antes de comenzar a asestarle puñaladas a su víctima ya muerta.
Ah, y esto va por esa joven asesina: usé tu nombre porque me pareció oportuno, no tiene nada de personal... o acaso debería?
No hay comentarios:
Publicar un comentario