No es que lo diga yo sola, o los simpáticos científicos de The Big Bang Theory. Es un hecho. Está claro que Jesucristo nació en primavera o verano. Los pastores no están por el monte en diciembre. Y los censos romanos tampoco se hacían en fechas tan frías.
Puestos a celebrar un nacimiento en el día de hoy, ése sería el de Isaac Newton.
O también podemos optar por un estilo pagano como los romanos y celebrar Saturnalia, una fiesta en la que se come, se bebe, se hacen regalos y se pasa bien porque llega el Solsticio de Invierno.
Cualquier nombre es bueno. Pero el caso es que hoy es un día de celebración.
Me da igual lo que se celebre. Me da igual que un cristiano me pueda considerar una escéptica o algo peor (al fin y al cabo, yo creo en algo, aunque no sé exactamente en qué...). Incluso me da igual que haya quien únicamente se fije en su lado malo y diga que son unas fiestas consumistas y repletas de falsedad.
Lo único que me importa es que estas fechas, como otras cualquiera en mi calendario, me sirven para pasar más tiempo con las personas que amo, para decirles lo importantes que son para mí (aunque sea a mi extraña manera), y para intentar hacerlos un poco más felices.
Si estás leyendo esto, espero que entiendas lo que quiero decir, que te des cuenta de lo importante que es pasar todo el tiempo posible con aquellos a los que quieres (da igual que sea en unas fiestas consumistas e hipócritas), y que le des un buen abrazo a la persona que tengas más cerca.
Al menos eso es lo que yo haría, porque soy así.
Una persona muy particular.
Tan particular que no tiene inconveniente en celebrar la Navidad aunque a la vez defienda su falta de consistencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario