Luna sonrió mirando al horizonte. Estaba tranquila, sola junto a su árbol favorito del cauce seco del río. Se estaba haciendo de día, pero el amanecer es una de esas cosas que la gente nunca tiene tiempo de apreciar (o ganas, depende). Pero a ella le encantaba.
Una sombra salió de las ramas bajas del árbol directa a ella. Un gatito atigrado, de ojos grises, acababa de despertarse y soltó un maullidito acercándose a Luna. No era un gatito fuera de lo corriente, pero le hizo sonreír. Porque lo que aparentemente no es especial resulta serlo. Acercó distraída su mano al animal, que dejó que le tocara la cabeza. Algo le había gustado de Luna, por suerte.
-Buenos días, pequeño-dijo Luna.-Me alegro de que hayas aparecido, así me harás compañía un ratito, ¿verdad?
Siguió mirando al horizonte. Y sin previo aviso una figura extraña cruzó el cielo. Enfocando la vista, se dio cuenta de que era una forma humana. Sonrió, estupefacta.
-Mira, es un superhéroe, como esos que salen en los cómics… Qué curioso. Así que regresan a casa cuando nadie podría observarlos… En cierto modo los entiendo. –Pasó la mano por el lomo del gatito.- Debe ser duro dedicar tu vida a ayudar a los demás y que todos te conozcan, que todos sepan quién eres.
Luna se estiró y tomó aire profundamente. Aquella noche no había sido la más agradable de su vida, pero el día estaba empezando bien.
-Te contaré un secreto, pero es un secreto. No se lo dirás a nadie, ¿verdad?
El felino puso las orejas tiesas y la miró. Parecía entenderla. Una fugaz sonrisa pasó por el rostro de la joven antes de continuar hablando.
>>Conocí a un superhéroe hace poco. No llevaba capa ni antifaz, de hecho, era de lo más corriente, como nosotros, pequeño. Lo confundí con alguien como yo, con un alma perdida a la que tal vez podría acompañar y ayudar a encontrarse. Pero anoche descubrí lo que era realmente. ¿Por qué? Porque en cierto modo me salvó. Nunca he visto un héroe de esos que tanto habitan en libros, cómics y películas. Pero seguro que este héroe con apariencia humana no tiene nada que envidiarles.
>>Los héroes existen. Por suerte.
Y Luna se levantó sonriendo a regresar al mundo real, al mundo rutinario en el que la belleza no era valorada salvo por unos pocos.
No todos los superhéroes se ponen un disfraz y salvan al mundo de catástrofes a gran escala, haciendo gala de unos espectaculares superpoderes. Tampoco tienen todos un nombre fácil de recordar y corear con júbilo.
Bajo la dulce sombra del anonimato se esconden los mayores superhéroes.
Puede que no maten monstruos y no acaben con supervillanos psicópatas. Pero salvan vidas. Aparecen cuando los necesitas, dispuestos a todo por salvarte, tanto físicamente como a un nivel más profundo.
Sí, los hay que salvan tu alma, y esos son los que más cuesta distinguir.
Los héroes anónimos de lo invisible.
La mayoría de veces tan invisibles que ni ellos mismos ven lo que son.
No todos los ángeles –porque para mí estos héroes son ángeles- carecen de cuerpo. Por suerte, los hay entre nosotros. Porque por muy bien que estemos, por muy fuertes que nos consideremos, todos necesitamos ser salvados de vez en cuando.
Esto es sencillamente un agradecimiento a todos esos bellos seres que han invertido algo de su valioso tiempo en salvarme, en ser mis héroes. Aunque sólo haya sido salvarme de una pequeña caída, de pasar una noche acosada por mis sentimientos o de ese monstruo que habita en mi interior y que a veces se descontrola y sólo se dedica a destruir –a los demás y a mí misma.
En serio, no sé qué os lleva a hacerlo, pero estáis a mi alrededor, a donde quiera que mire, os da igual la distancia… En Lorca, en León o en la puerta de al lado de mi habitación…
A todos vosotros va este mensaje.
Gracias. Os quiero. De verdad.
Os abrazaría si pudiera, si me dejáis hacerlo en algún momento.
Pero no será suficiente. No sé si os podré devolver lo que me habéis dado, porque yo no soy como vosotros.
Yo no soy una heroína.
Pero os quiero, y no creo que el amor sea una fuerza poco poderosa. Vosotros la aprovecháis mejor que yo, cierto. Pero bueno, yo no sé casi nada.
Aunque una cosa sí que sé: me hacéis sentir bien, mejor persona de lo que soy, reconfortada. Me hacéis más feliz.
Y nunca os lo agradeceré lo suficiente.
Una vez más… Gracias.
♥
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