domingo, 8 de diciembre de 2013

Un paso tras otro

La mañana apenas despuntaba, y Luna ya estaba frente a un papel, como solía ocurrir... Y escribía, usaba el papel como un pensadero, mientras su corazón palpitaba agitado, angustiado, deseoso de liberar la presión a la que estaba sometido en aquel preciso momento.

"Sigue avanzando, por tu propio camino. Da igual que no sea fácil. Da igual que tus pasos sean reducidos a una sucesión de errores... Porque puede que te equivoques, sí, pero eso lo juzgas tú, nadie más.
No seas lo que quieren que seas.
Sé lo que quieres ser."

Notas de piano suenan en la lejanía, mientras una lágrima asoma en la mejilla de Luna.
No, no piensa llorar... no por alguien que no merece ni una sola de sus lágrimas. En su lugar sonríe.
Porque el mundo no la volverá fría e insensible. Nunca.
Porque esta partida la ganó ella desde la primera jugada... le pese a quien le pese.
Suelta la pluma y la deja sobre el escritorio, mirando lo que acaba de escribir.
Y, con una sonrisa de oreja a oreja, lo rompe en mil pedazos.

No necesita un papel para recordar eso, pues conforme lo escribía, las palabras habían quedado grabadas a fuego en su corazón.

Un paso tras otro, un paso tras otro... avanzando en la dirección correcta.

"Sé lo que quieras ser. Siempre."

domingo, 17 de noviembre de 2013

El perro verde

Había una vez un perro, un perro que ladraba, saltaba, corría y jugueteaba como todos los demás perros.
Pero el pobre carecía de algo: no tenía amigos, ni perros ni humanos.
El perrito era amable, y cariñoso, y leal... pero había algo contra lo que no podía luchar.
Su pelaje largo, en lugar de marrón, blanco, negro o con manchas, era de un verde intenso, un verde que recordaba al de la hierba de un prado en primavera.
Solo ser verde.
Solo eso.
Y, por ello, automáticamente, había sido rechazado. Una y otra vez. Algunos incluso se mofaron de él y lo maltrataron por ser diferente, porque eso lo hacía, a su parecer, inferior al resto.
Daba igual que fuese más cariñoso y sincero que muchos de los perros de su alrededor: su aspecto le quitaba todo atisbo de aceptación.
Era joven, pero la vida lo había tratado mal y estaba triste. Sólo quería un amigo, sólo un poco de comprensión, de calor...
Una vez más, se maldijo a sí mismo.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que tener ese pelo?
Puede que fuese mejor deshacerse de él para siempre.

Pensando, decidió que haría lo siguiente: iría a la fábrica de pinturas y se tiraría en la cubeta de pintura negra para ser, por fin, un perro con un color de pelo normal.
Cuando ya estaba frente a la puerta se detuvo, sorprendido. Notaba algo que le molestaba en la nuca.
Era la pata de un mapache, un mapache que acabaría de despertar, pues hacía muy poco que había anochecido. El mapache, inmerso en la oscuridad circundante, le habló:
"No lo hagas. No cambies por ellos."
"Pero así estoy solo, y nadie me querrá nunca" gimoteó el perrito. "Huyen de mí. Me atacan o me tienen lástima. Sólo quiero que vean que soy como ellos. Que somos iguales".
El mapache sacudió la cabeza, con una sonrisa comprensiva.
"¿Es que no lo ves? Eres realmente hermoso, pequeño. Yo lo veo. Y más lo verán, tenlo presente. Tienes un regalo precioso que los demás no. ¿Es eso malo? Claro que no, al contrario: es algo muy bello. Que no te cambien, ¿me oyes? Pase lo que pase, sigue siendo tú".

El perrito maldijo para sus adentros al mapache, por haber conseguido que una lágrima le rodase por la mejilla.
Porque tenía razón.
Claro que la tenía.
Giró el cuerpo para darle las gracias, y entonces lo vio: un mapache grande, peludo... y de color rosa.
El mapache le guiñó un ojo y dijo:
"Tomaré esa carita como un sí, pequeño".
Dicho esto, desapareció en las sombras.

Era ya tarde, y el perro verde se acostó frente a la fábrica, entrando al mundo de los sueños mientras pensaba en lo que había ocurrido.
Al despertar, lo primero que notó fue el olor.
Olía a tostadas y a leche caliente.
Estaba en una alfombra mullida y calentita, en un lugar bajo techo.
Gimoteó, asustado, porque no recordaba haber llegado a ese lugar, y una niña pequeña dejó la tostada que se estaba comiendo y corrió a verle.
"Ah, por fin despiertas chiquitín. Vi que estabas solo y te vi tan bonito y adorable que decidí traerte a casa... Y mamá no se ha enfadado, así que te quedarás, ¿verdad? ¿Serás mi amigo?"
La niña tenía una sonrisa radiante mientras decía esto.

Y el perrito movió la cola, contento, mientras le lamía la cara a su primera amiga de verdad: alguien que lo había aceptado como era, viendo la belleza dentro y fuera de él.

domingo, 27 de octubre de 2013

Otoño

Miras por la calle. Son las siete, pero ya está oscuro, y hace ya fresquito, aunque no sea mucho...
Las hojas caen y tapizan el suelo que pisas, esperando a ser barridas. Inspiras hondo, porque es una sensación familiar: es el otoño.
Esa estación que tanto te gusta, porque ya llegan las lluvias y se va el calor asfixiante y odioso del verano.
A mucha gente le parece triste y gris.
Mucha gente no sabe lo que se pierde.

Miras hacia arriba, a un cielo sin estrellas porque está lleno de nubes, ansiando que descarguen su agua sobre ti para darle esa claridad del agua a tus pensamientos. Como siempre que anhelas algo, no llega en ese momento.
Era de esperar, al fin y al cabo, todo llega cuando se necesita, no cuando se desea.

Es sorprendente que haya tan poca gente, te dices, con la tarde-noche tan preciosa que hace.
Quizá es que tienen cosas más importantes que hacer.
Quizá no son capaces de ver.
Quizá es que tu no estás demasiado bien de la cabeza. Quizá.

Te agachas y coges una hoja de un color entre amarillo y marrón pardo, no sabrías cómo definirlo con exactitud. Mirándola, piensas.
Que el otoño te gusta tanto porque es cuando la tierra nos da frutos tras nuestros esfuerzos.
Que representa la madurez.
Que más de uno debería tomar ejemplo del otoño: porque uno recoge lo que siembra, le guste o no le guste, es un hecho.
Que hay personas a las que, inconscientemente, asocias a esta estación, y que tienen una calidez increíble, y que las admiras.

Algún día, algún día... serás como ellas.
Serás paciente.
Recogerás buenos frutos de todo el esfuerzo que ahora tienes que hacer.
Verás como todas las cosas son un ciclo del que tú formas parte y que no puedes controlarlo, pero no importa el control, sólo la felicidad que te da estar en él.
Algún día.

domingo, 11 de agosto de 2013

Sueños

Esta es la historia de un niño. Era un niño en el que no te habrías fijado, un niño como todos los demás. Pero es el protagonista de esta historia.
Su nombre es Lucas, aunque lo que importa no es su nombre, sino su historia.
Era un niño con sueños, con miles de alocados y ambiciosos planes. Quería montar una fábrica de chucherías, ir a la luna en una bicicleta con una pecera de cristal como escafandra, acabar con la tristeza contando chistes, y muchísimas cosas más.
Lucas crecía con ilusión, comiéndose el mundo, creyendo que todo era posible.
Con la madurez tuvo que renunciar a algunos sueños, pero no le dolió, pues sabía que eran físicamente imposibles.
Cumplió otros sueños, como estudiar lo que él quería o tener un perro cariñoso al que quería con locura... pero cuanto más crecía, a más sueños renunciaba, y, al final, comenzó a resultarle un tanto decepcionante.
¿Por qué había que dejar atrás tantos sueños?
Si nunca se harían realidad, ¿de qué le servía soñar? Era cruel soñar cosas y no poder realizarlas.

Un día, abatido tras pasar por una calle llena de pobreza y desolación, se sentó junto a un árbol a descansar. Una ardilla se acercó a él y se subió a su rodilla.
Entonces, para la sorpresa de Lucas, la ardilla susurró:
"Mira a tu alrededor: nunca es tarde para hacer tus sueños realidad."
Y se marchó, dejándole una pequeña bellota en el regazo.
Lucas, impactado, tardó unos segundos en hacer lo que la ardilla había dicho. Vio a un niño con su padre: el niño estaba enseñando a montar en bici a su padre. Miró el rostro del señor de rostro con arrugas y pelo canoso aprendiendo a montar en bici, y sonrió.
Entendió lo que el pequeño animalito había querido decir: que no todo es imposible, y podemos cumplir muchos de nuestros sueños.
"No tienes que ser tan dramático, Lucas" dijo para sus adentros. "El único que puede cumplir esos sueños eres tú".
Y se levantó, cogiendo la bellota que le recordó aquel momento de reflexión durante el resto de su vida.

Buses

Notas sueltas de una melodia desconocida suenan en tus oídos mientras viajas en un bus. Un bus que sabes muy bien a donde te lleva. Un bus en el que preferirías no estar montado, pero ea, ahí estás, contando mentalmente los días que quedan para coger otro bus en el sentido opuesto.
Tanto bus arriba y abajo, solo es volver literal la metáfora de la vida.
La vida está llena de decisiones, y cada decisión te sube a un bus con destino desconocido... y bueno, no es malo ir a base de buses.
La melodía cambia, y suena I don't wanna miss a thing, como si el chófer me hubiese leído el pensamiento. Es alucinante, se puede sonreír teniendo ganas de soltar una lagrimilla.
Pero da lo mismo.
Soy un padawan con la fuerza acompañándome, el hombre lobo en noche de luna llena, el mago con la varita de sauco.
Soy yo.
Y con eso tengo garantizado que al fin y al cabo, este será un buen verano.
No el mejor de mi vida... pero sí uno bueno.

lunes, 29 de julio de 2013

Vientos de cambio

Miró el letrero de neón apagado y olvidado.
Nadie lo miraba ya, olvidaron su presencia hace algún tiempo.
Pero ella lo seguía viendo: un rastro, un recuerdo de lo que en otro tiempo fue un gigante comercial, ahora absorbido y sustituido por otra cadena más grande y con un mayor apetito de consumidores aborregados por la masa de la ciudadanía.

Qué lástima que no hubiese cambiado el perro sino solo el collar.

Suspiró mientras se frotaba las manos en un vano intento de combatir el frío de la madrugada.
Aún le quedaba un largo camino por delante y tenía que soportar aquel frío que se le metía por los huesos y la hacía tiritar.

El luminoso de neón le recordaba, día tras día, contra lo que tenía que luchar.

La revolución estaba cerca.
Se sentía en el grito de hambre de las calles.
Hambre de alimentos, de justicia, de libertad: hambre.
Se sentía en los rostros de sus compañeros, con los que ahora iba a reunirse una vez más para perfeccionar el plan para derrocar el régimen.

Pese al condenado frío del ambiente, no pudo evitar sonreír.

"Se avecinan vientos de cambio" pensó.

"Y, esta vez, al fin... soplan a nuestro favor".

jueves, 18 de julio de 2013

Gatos

Los ojos del gatito parecían dos lunas solitarias, observando un cielo oscuro de medianoche... Una noche triste y fría, oscura y sin estrellas a la vista... Una noche tan triste que las estrellas se habían suicidado.
Ella ya no estaba. Y no iba a volver. El peso de esa realidad le hundía poco a poco, unido a él por cadenas invisibles, pero no por ello más débiles. Maulló al cielo con dolor en su voz gatuna.
"¿Por qué? Éramos tan felices... Malditos humanos".
No era malo ser un gato callejero, se vivía medianamente bien... Salvo por el riesgo de cruzarte con ellos.
Y es que sin esos humanos, su querida gata seguiría a su lado. Maldijo silenciosamente la crueldad de aquellos seres bípedos que se creían los amos del mundo.
Revivió la historia una vez más: los gritos para asustarlos, los palos, las piedras, y cuando aquel humano tan grande y brutal cogió a su amada y empezaron a apalearla hasta que murió. Los arañazos y mordiscos que él lanzó a sus oponentes no sirvieron de nada, sencillamente le dieron y lo dejaron inconsciente.
Una lágrima reluciente resbaló por el pómulo del gatito. Así no se podía vivir. No sin ella. No en un mundo tan cruel y hostil, no en un lugar en el que las cosas suaves como las almohadas acababan rotas en lo más oscuro de una medianoche de estrellas suicidas.
Una estrella que él no había visto salió de detrás de una nube. La miró, asombrado. Al final resultaba que quedaba una estrella en ese cielo solitario... ¿Habría alguna esperanza?
Y en ese momento, la estrella se suicidó, cayendo en picado del cielo.
"Estupendo. Cómo he podido ser tan ingenuo. Aquí no hay esperanzas. Ninguna."

No se dio cuenta de que la estrella estaba justo delante de sus patitas hasta que ella le habló.
Le habló de días soleados y de noches amables, de caricias y sentirse protegido, de comidas calentitas y conciertos de maullidos nocturnos, de amor y comprensión. 
"Ésta es tu vida. Ésta fue nuestra vida cuando yo estaba junto a ti. Y quiero que siga siéndolo para ti. Porque yo no me he ido, no del todo. Aunque no me veas, yo siempre estoy ahí, oculta tras las nubes o invisible por la luz del sol. La vida puede ser maravillosa. Sé que me echas de menos, lo sé... Pero un día volveremos a estar juntos. Y yo no dejaré de quererte, y te enseñaré el camino. 
Te quiero".
Y dicho esto la estrella regresó a su lugar en el cielo, dejando al gatito con ojos llorosos pero un corazón lleno de fuerza.

martes, 4 de junio de 2013

Cadenas

Luna se despertó, agobiada.
Intentó moverse, pero unas cadenas oprimían sus muñecas.
No sabía donde estaba, a su alrededor todo era una semipenumbra en la que únicamente alcanzaba a distinguir sombras. Tenía miedo, mucho miedo.
Intentó desasirse de sus cadenas desesperadamente, provocándose heridas que acabaron por sangrarle.
Cansada, casi abatida, se dejó caer en un rincón de aquel cubículo del que no sabía nada...
Y entonces notó algo. Justo donde se había sentado, el suelo estaba algo húmedo y parecía correr el aire. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Luna logró distinguir la causa: había una pequeña rejilla en la pared, que conectaba con el exterior. Era de noche, y apenas se veían sombras del exterior y se oía, cercana, una corriente de agua, un río seguramente. En otro tiempo la rejilla fue fuerte, pero poco a poco el agua la había ido erosionando y estaba a punto de desprenderse.
Luna era pequeña, cabría sin problemas por aquel hueco...
... si no fuera por aquellas malditas cadenas.
Miró sus manos con los ojos llenos de lágrimas. Si no fuera tan débil podría escapar. Podría ser libre.

Una voz en su interior susurró:
"No eres tan débil como crees, ¿sabes? Puedes romperlas, puedes huir. Sólo inténtalo creyendo que lo lograrás".
Cuando las cosas pintaban mal, era difícil para Luna escuchar a su voz interior, pero sabía por experiencia que solía acertar. Así que, tras un momento de indecisión, sus ojos brillaron de determinación.
El silencio del lugar fue sustituido por el sonido del metal de aquellas cadenas rompiéndose.

Luna arrancó la rejilla y se abrió paso, hasta llegar al río, donde se metió a mojarse. El agua estaba fría, pero a ella le daba igual: estaba feliz.
Porque era libre.
Libre.

Ring, ring. 
Luna ocultó la cabeza en la almohada: estaba teniendo un sueño tan bonito...
Ring, ring.
Resignada, Luna apagó el despertador y se levantó conteniendo un bostezo. Acto seguido, sonrió.

"Los sueños están plagados de metáforas y enseñanzas" pensó, mientras se recogía el pelo en una coleta para irse a clase. "La lección de esta noche no la olvidaré".

lunes, 3 de junio de 2013

"El mejor guerrero no es el que triunfa siempre sino el que siempre vuelve a la batalla".


No siempre triunfamos en nuestras batallas. Pero eso no nos puede desanimar. No, no y no. Porque no por fallar somos peores que los que lo consiguen a la primera. Lo realmente grave sería desistir. Si volvemos a pelear, si tenemos fe en nosotros mismos, tarde o temprano lo lograremos. Y eso es lo que nos hace realmente buenos luchadores: no rendirse hasta alcanzar nuestro objetivo.

Ten fe en ti.
Yo la tengo. Y tengo motivos para ello.
Puedes hacerlo.
Sé que puedes.

Ahora sólo falta que te enteres tú.
Puedes.

jueves, 30 de mayo de 2013

Una vez soñé

Una vez soñé con un lugar mejor,
con un cielo con más azul que gris
donde no había nubes que taparan el sol
donde la felicidad no llegaba a morir.

Una vez soñé que no había banderas
que se habían acabado las guerras
La gente se respetaba sin hacer daño a nadie
El aire no olía a miedo; sólo a aire.

No quedaba nadie sin techo
ni que se acostara sin alimento
la violencia era sólo un cuento
una pesadilla sin fundamento.

Y era tan bonito...
... como falso.

Pero aunque todo sea un sueño
aunque nada sea cierto
siempre queda la esperanza
porque todo puede cambiar.
Hay mucho que podemos lograr

Confía
No te rindas


domingo, 21 de abril de 2013

Me enamoré



Y me enamoré.
De todo.
Del húmedo olor del día que acaba de comenzar.
Del viento en mi cara, de cómo mueve mis cabellos.
De mis tonterías.
De TUS tonterías.
De las nubes que a todo se parecen menos a una nube.

De los días despejados.
De las lluvias torrenciales que dan ganas de cantar.
Porque tu alma canta aunque el cielo llore.
De las estrellas.
De la luna.
La luna me mira, con la mirada de una amiga paciente,
callando el “te lo  dije” que piensa, seguramente.
Nunca la creí…
Y ahora sonrío mientras la miro y le digo:
“Gracias. Gracias por tener fe en mí”.
Me enamoré del aire,
porque ahora el aire no huele solo a aire.
Me enamoré de que el vaso esté medio lleno,
De que en todo lo malo siempre haya algo de bueno,
De que los días sean únicos e impredecibles,
De conseguir cosas que parecían imposibles…

Y sí, aunque cueste de creer,
Me enamoré,
De tu sonrisa,
De tus mirada,
Tu mirada que me cuenta todo lo que tú callas.
De tus manos, pero sobre mi piel,
De en tus brazos dormir para ver un nuevo amanecer,
De tu sinceridad
De tu comprensión
De tu alma
De tu corazón.

Me enamoré.
Sí, me enamoré.
De todo.
Y de ti.

domingo, 27 de enero de 2013

Hojas secas

Movió sus pies desnudos, distraída, sobre el lecho de hojas secas en el que estaba sentada. Los miró. Qué feos eran, por Dios, con las uñas sin pintar, el dedo índice más largo que el pulgar, y demasiado grandes para la altura que ella tenía.
Estaban fríos... Pero le gustaba sentir el frío en sus pies. Gracias a ello podía pensar con más claridad.

Odiaba haber huido así, pero su energía no era ilimitada, pese a su naturaleza mágica.
Luna miró al cielo, un sencillo cielo gris, repleto de nubes.
Odiaba no haber podido hacer nada por él.

"¿De qué me sirven mis poderes si no logro reconfortar a quién quiero cuando lo necesita?"
Suspiró.
La historia se repetía demasiado a menudo.
"Soy una inútil".

Una lágrima corrió por su mejilla, una lágrima que sabía que no era suya, sino de esa otra persona. La parte que vivía en su corazón estaba triste, muy triste. Y ella no había sido capaz de hacer nada. Nada.

Casi inconscientemente, Luna se puso a cantar entre susurros.

"Ahora duerme,
ya no llores más,
que mañana
todo cambiará.
Yo alejaré tus miedos
y los males que te rondarán.
Ya no llores más.
Ya no llores más."

Ojalá él pudiera oírla. Quizá ni siquiera estuviera llorando. Pero Luna sabe que su corazón llora, y eso es lo único que importa.
Sonrió, algo triste, y cogió una hoja del suelo. Cierra los ojos y se centra únicamente en el tacto, seco y rugoso, de esa hoja. A veces las hojas caen y se secan para que nazcan nuevas hojas, verdes, brillantes, llenas de vida. Es un ciclo. Las estaciones cambian, y el árbol, mucho más sabio que ella, sabe que el cambio forma parte de su vida. Y eso no lo entristece ni alegra, sólo es algo que asume y para lo que está preparado.
Poco a poco se tranquiliza. Otra vez, como tantas otras veces, se puso a cantar.

"Let me light up the sky, light it up for you".

Quizá el cielo sea gris, pero Luna ha recuperado los colores para pintarlo de nuevo, las ganas de sonreír con verdadera alegría, la fuerza para transmitir coraje a quienes más quiere.
Como a él.

Es un fastidio tener límite de energía. Suerte que la magia nos rodea y Luna siempre podrá recuperar sus reservas fácilmente.

T'estime, no pense deixar que estigues així. M'agrada veure com somrius, m'agrada escoltar que ets feliç, m'agradaria estar al teu costat sempre i abraçar-te com si fóra l'única cosa que importara. 
Ets especial. Jo sé que no entendràs açò, però volia escriure-ho d'aquesta manera. Sempre m'ha semblat més bonic un "t'estime" que un "te quiero". 
T'estime.

Luna partió, sin más, retornando a su vida diaria, sujetando con suavidad la frágil hoja seca en su mano, recordándose así la lección que había aprendido y que tenía que ser capaz de transmitirle.


sábado, 19 de enero de 2013

Eterna sombra

Sólo me salen palabras tristes, pensamientos tristes. Y además sin motivo. A veces soy un poco idiota, eso es todo.
¿A veces?
¿A VECES?

Si me pudiéseis ver aquí, triste pero sonriendo de forma sincera, pensaríais que me pasa algo muy raro. Pero no es raro. Al menos no muy raro.
Es sencillamente que repito en mi cabeza un poema, un trozo de un poema más bien. ¿De quién? De Miguel Hernández. Siempre es Miguel Hernández.
Me transmite esperanza, calma, fuerza.
Ojalá tengáis algo, lo que sea, que os transmita estas cosas cuando os falten.
En concreto, el poema es Eterna Sombra, la última estrofa.

Hoy no dejo de repetirme esto:

"Soy una abierta ventana que escucha
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida".

Y sólo con dos frases hay algo que vuelve a mí. Algo muy bueno.


domingo, 13 de enero de 2013

Lágrimas.
Lágrimas deseosas de salir, pero que retienes.
Unas lágrimas que no son propias de ti.
Ni siquiera sabes cuál es el motivo de tus ganas de llorar.
Sólo que quieres llorar.
Llorar sin parar. Hasta que te quedes sin fuerzas para nada, ni siquiera para pensar.

Debería salir. Sé que debería salir a aparentar normalidad con las familias de mis otras compañeras. Pero no tengo fuerzas para aparentar algo que no es.
De momento me centro en no hundirme.

Quizá todo esto sea por los exámenes. Quizá.
Si es por eso, al menos tengo el consuelo de que acabará pronto.
Con mi suspenso, claro.
Pero mejor un suspenso que esta tortura.
Aunque claro, ni siquiera sé si es por los exámenes.

Me miro al espejo.
¿Quién es esa que me devuelve la mirada al otro lado?
Tiene los ojos brillantes, pero de lágrimas, no de alegría.
No sonríe. Sus ojos en seguida se desvían hacia el suelo.
Y de repente no puede contener por más tiempo las lágrimas.

Esa no soy yo. Y me duele. Me duele verme así.

Que le den. No voy a hundirme más. Lloraré lo que sea inevitable, a ver si deja de dolerme la cabeza. Pero no voy a hundirme más. No. Esa etapa ha pasado y no la pienso dejar volver.
No va a volver.
No va a volver.
No va a volver.