lunes, 20 de abril de 2015

Capítulo cuatro.

-¿Qué coño ha pasado ahí dentro, Storm?

Tony recuperaba el aliento en un callejón, cerca de los muelles. El alquitrán de sus pulmones le estaba pasando factura una vez más. Se planteó si sería buena idea dejar el hábito, pero aquel pensamiento como vino se fue. No había dejado de fumar al comenzar a compartir piso, y no lo haría ahora. Cada uno se mataba como quería; ésa era su idea.
-Casi gano un montón de pasta.-murmuró el muchacho con rabia, más para sí mismo que para otra persona.
-Pero serás imbécil.
Era algo bien sabido que en aquel antro de juego ilegal sólo ganaba quien le interesaba a la banca, y estaba bastante claro que a Storm no se lo iban a permitir. No obstante, algo le hizo ahorrarse el comentario. 
Seguramente vio un poco de aquella parte de sí mismo que habría preferido relegar completamente al olvido. 

-Se habrán quedado con tu cara-le recordó escuetamente.
Tras un momento de reflexión, Storm respondió, sólo con una leve duda en su tono. 
-Saben para quién trabajamos.
"Cómo puedes ser tan crío a veces, de verdad". Procuró que el enfado no se le notase demasiado al hablar. Mostrarse de hielo siempre era una buena estrategia.
-Eso te protege de la ira de Feng, pero no tengo muy claro con qué gente nos has buscado problemas.-se lo pensó mejor, añadiendo algo más.- Con un poco de suerte, ese gordo cabrón les habrá hablado del jefe. Empieza a rezar para que así sea, chaval.

Buscó en el bolsillo de su chaqueta el paquete de tabaco. Vacío. Maldijo por lo bajo, contrariado.
-Ah, y a ver si sabes cómo volver a casa desde aquí. Por supuesto, si hay que pillar transporte pagas tú, ya que tienes tan buena fortuna.
Storm hizo un gesto con la mano, restándole importancia. Se había ganado la pulla, no lo iba a negar. Pero tampoco se arrepentía de sus actos aquel día. Sólo había una cosa de la que no podía dejar de arrepentirse, y no habría ninguna otra. Jamás. 
El pequeño Gary ya tuvo suficiente con aquello, y por eso lo tenía en unas vacaciones indefinidas en las bases del hipocampo. 

La música electrónica rompió la densa atmósfera entre ambos. Tony tenía una extraña pasión por grupos de otro tiempo. Había escuchado el tema muchas veces debido a esto: una canción con aproximadamente 100 años y poco conocida, Keep Hope Alive. 
Pero eso no era lo importante, sino que Tony la usaba como tono de llamada. 

Escuchó a su compañero asentir y contestar con monosílabos. Tras un par de minutos, colgó el aparato y le miró.
-Tú. Espabila. Tenemos trabajo.
Aquello no le gustó.
-No acepto trabajos sin cobrar los anteriores.-dijo con un tono arrogante.
-Sí, chaval, lo que tú digas...-se rió con ganas.- ¿Crees que, justamente hoy, estás como para ponerte exquisito?
Escupió al suelo. 
"Maldita sea".
-Más vale que saquemos bastante dinero de éste, Tony, más vale.
Una pícara sonrisa se formó en los labios del italiano.
-Tranquilo. Las diosas siempre están de mi parte-dijo, dando unas palmadas sobre su chaqueta.-Pero si necesitamos una ayudita, siempre quedarán estos-añadió, crujiéndose los nudillos.

Storm sonrió. Sus ojos brillaban con entusiasmo y malicia. 
Qué bien le caía aquel tipo. Cada día mejor. 
Pensó que tal vez la suerte, al final, se pusiese de su lado antes de que llegase el día siguiente. 

Ingenuo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario