domingo, 9 de noviembre de 2014

Coincidencia.

Destacaba mucho entre las batas del personal sanitario y los pijamas de los ingresados, con su melena negra y sus ropas a juego. Pero no le importaba. Iba a salir de ahí, al menos.

Vio su reflejo en las paredes metálicas del ascensor. Estaba algo más delgado, si es que eso era posible, y más teniendo en cuenta que había estado ingresado por un periodo inferior a 48 horas. 
Suspiró, llevándose las manos a la cabeza. Lamentó haberlo hecho, con una mueca de dolor al tocar la parte de la frente cubierta por gasas.
Bajo su camiseta, blancas vendas apretaban sus costillas, pero sólo reducían parcialmente el dolor.

La conversación con el doctor era cada vez más tenue en su mente, y sabía que pronto se difuminaría por completo. No obstante, no necesitaba que nadie le dijese la principal conclusión.
Nathan había tenido mucha suerte, y no sólo de seguir con vida.

El arma había desaparecido, cosa que agradecía pese a no encontrarle explicación alguna. Le había ahorrado muchas complicaciones. No habían preguntado por las cicatrices de su pecho, para su asombro. Además, podía marcharse sólo a casa.

Recordó con una sonrisa cargada de sarcasmo las insistencias del personal en contactar con su familia directa para informar de la situación y que fuesen a recogerle.
"Ilusos"
Por suerte, habían desistido al enésimo mensaje automático del buzón de voz.

En el orden de prioridades de su padre, había cosas más importantes que preocuparse del estado de su hijo. 
El whisky, sin ir más lejos.
Se alegraba de que no lo hubiese cogido. Le odiaba, pero era su única carta para no acabar en un centro de acogida.

Bajó del ascensor con pasos cortos y cuidadosos. Apoyándose en las paredes, salió a la calle. 
Hacía un día precioso, con un ligero viento helado. Demasiado perfecto teniendo en cuenta las circunstancias. No iba a poder disfrutarlo. Resopló con evidente fastidio.
“Qué remedio. Cojamos el autobús”.

Si no hubiese estado prestando tanta atención a los recuerdos oscuros de su pasado que se despertaban poco a poco en su interior para atormentarle, quizá no habría tenido que esquivar en el último momento a aquella persona que caminaba por la acera.

Respirando entrecortadamente por el esfuerzo, observó a la figura que se alejaba sin ni siquiera haber sido consciente de su presencia.
La imagen de su larga melena blanca moviéndose contra el viento permaneció unos instantes en su mente, antes de olvidarla por completo.


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