sábado, 8 de noviembre de 2014

Oscuridad


Gritos.
Sirenas de policía y ambulancias.
Gente asustada, muy asustada.
Sollozos.
Y, en su cuerpo, silencio.

El tráfico se había parado, causando el caos en aquella zona de la ciudad. Las personas se aglomeraban en torno a un foco, algunos con preocupación y temor, otros con curiosidad.
La ambulancia salió lo más rápido que pudo con la frágil figura inmovilizada en la camilla, mientras el personal sanitario continuaba su batalla.

- Su respiración es muy débil, no consigo reestabilizar sus constantes.-Intentaba sonar serena, pero nunca se acostumbraría a aquellos momentos.
- Sé que antes hemos estimado fractura en las cuatro costillas inferiores del costado derecho, pero por sus muecas creo que hay alguna más en el otro costado.-El enfermero se mordió el labio, rezando a su manera a un dios en el que ni siquiera creía.
- Maldita sea, no ha despertado, y no reacciona. Maldita sea. –su compañera ponía todos los medios necesarios para mantener la débil respiración del muchacho, consciente de que lo único que evitaba que el hilo que lo unía a la vida se rompiese eran ellos.

El enfermero intentó calmarla con su voz mientras limpiaba la larga herida de la frente. La hemorragia craneal parecía empezar a controlarse, pues ya sangraba menos. No obstante, podría haber derrame intracraneal… No quería ni imaginarse la posibilidad.
“Necesitamos llegar cuanto antes”.

En la cabina delantera una voz mantenía una conversación acelerada y sistemática por el manoslibres.
- Sí, vamos ya de camino […] Accidente de tráfico, llevamos a un politraumatizado muy joven, seguramente menor de edad. […] No, no iba en el coche, fue atropellado. Por favor, necesitaremos actuar deprisa al llegar. […] De acuerdo, llegaremos en menos de cinco minutos.

***

Al bajar de la ambulancia y ser transportado por los pasillos del hospital en la camilla, Nathan recuperaba a trozos la consciencia y volvía a la oscuridad. El equipo de emergencias se movía con velocidad y ligero temor a su alrededor, y por mucho que intentase enfocar la vista, todo pasaba del blanco cegador a la negrura cerrada, y de nuevo a una luz que sólo quema. 
Al parecer, el único que moriría aquel día sería él.

- ¿Algún familiar a quien avisar? –preguntó el médico de urgencias mientras revisaba la información recogida por sus compañeros, andando junto a la camilla a paso ligero.
- No nos ha dado tiempo a revisar sus pertenencias ni su identidad.
- Hay que hacerlo lo antes posible, sus padres deben estar preocupados. -El médico tuvo la suerte de mirarle justo cuando estaba con los ojos abiertos. Intentó sonreír.- Tranquilo, no trates de moverte, te vas a poner bien, te vamos a sacar de esta.
En ese momento volvió a cerrar los ojos. No les había oído, y el médico lo sabía. 
“Ojalá podamos lograrlo… lucha, pequeño”.

De todas formas, aunque hubiese logrado oírlos, su mente habría ignorado dichas palabras. Lo que había al despertar no merecía la pena. 
Ahora no sólo estaba roto por dentro, sino también por fuera. 
Las preocupaciones se habían marchado, y parecía que pronto su alma las seguiría.

“Dejadme aquí, para siempre, en el dulce abrazo de la oscuridad.”



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