Tras un momento de duda en los telefonillos, el muchacho
pulsó el timbre correcto, mordiéndose los labios, dudando una vez más. ¿Seguro que estaba bien
aquello?
Pronto lo averiguaría.
- ¿Sí? - contestó una voz suave.
- Prickle…
Ella reconoció su voz de inmediato. Su rostro se oscureció y sus facciones se
endurecieron al otro lado del auricular.
- Fuera de aquí.-Sus palabras sonaban como acero contra la carne.
- Pri, escucha, lo siento… Escúchame.-La voz de Nathan era suplicante.
- No. Escúchame tú. No tienes la menor idea de por lo que he pasado por tu culpa. Te
fuiste, ¿verdad? Pues ahora hazte cargo y no vuelvas. Nunca.
- Pero yo…
- No quiero más excusas de nadie. Estoy harta de recibirlas.
Y total, ¿para qué? No os arrepentís nunca de vuestras acciones y yo empiezo a
cansarme.
Nathan podía sentir cómo su garganta temblaba, así como su voz. No quería asumir aquella realidad, era demasiado dolorosa.
- Por favor.
- Supongo que esto es un adiós, Nathan.
Pri colgó. Nat, desesperado, tocó de nuevo repetidas veces. No obtuvo ninguna respuesta. Conteniendo el nudo que le subía a la garganta, encogió los hombros y suspiró. Estaba hundido, pero aquel final era de esperar. No existían los finales felices, ni los cuentos de hadas.
Se quedó un segundo mirando a la puerta para acto seguido darse
la vuelta y no volver nunca la vista atrás.
Sumergiéndose de nuevo en la oscuridad de sus pensamientos, no fue capaz de oír el sonido estrepitoso proveniente de las escaleras del edificio. No obstante, el chirrido de las bisagras oxidadas de la puerta al abrirse captó su atención. Olvidando la promesa que se había hecho hacía apenas un instante, comenzó a volver la vista, más por acto reflejo que por cualquier otra razón.
Aún
no le había dado tiempo a girarse cuando ella le abrazó, y los hombros de la
chaqueta comenzaron a humedecerse con sus lágrimas.
- No te vayas, por favor. Lo siento, lo siento, lo siento.
Ella le abrazaba con desesperación, como si temiese que se desvaneciese allí mismo, temblando. Nathan cerró los ojos y la estrechó entre sus brazos con
fuerza.
- No pensaba hacerlo. Es aquí donde quiero estar-susurró,
acariciándole el pelo mientras contenía las lágrimas de alivio al descubrir que su final podría ser feliz.
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