sábado, 1 de noviembre de 2014

Flores de tinta.


Pero prefiero flotar a caminar como un muerto.

La gente se movía de un lado para otro, una masa de cuerpos en direcciones diferentes, ajenos a lo que ocurre a su alrededor, se esquivan en el frenético y deprimente baile. La muchacha del tatuaje en el rostro sólo era una más de esas personas… Pero quizá era la única que no caminaba como un muerto más.
Siempre le había parecido sumamente curioso cómo cambiaba la actitud de la gente dependiendo de si estaba en un pueblo o una ciudad. Y es que entre millón y medio de habitantes, no llamaba la atención ni su blanco cabello ni la rosa negra del lado derecho de su cara, que nacía en su mentón y ascendía hasta florecer en su sien. Las espinas estaban tan detalladas que parecían a punto de desgarrar la piel, de destrozar la carne.
Una lágrima asomó en su ojo, reticente a salir pero dándole un aspecto de humedad y tristeza. Llevaba tanto tiempo triste… demasiado tiempo triste.

Recordó la calidez de sus labios sobre su frente. Eso la reconfortó durante un instante. Cuántas veces le había dado cariño sólo con esos gestos, inocentes y llenos de amor. Pero ella allí estaba, caminando, triste una vez más… Y ya no podría volver a ser curada con ese amor.
Ya no estaba. No para ella.

Las flores, salvo las de tinta, acaban marchitándose tarde o temprano. Siempre lo había sabido.

La lágrima se evaporó sin necesidad de expulsarla. Se había secado, poco a poco… como le estaba pasando a su alma.
Aspirando con intensidad el viento del este, helado y cargado de salitre, se preguntó a sí misma si acaso seguía siendo humana…. Y si acaso tal cosa importaba en absoluto.

Unas sombras se dibujaron en el aire frente a ella. Sombras amigas o enemigas, eso ya no lo sabía. Pero las sombras le hablaban, y aunque no conseguía entenderlas del todo, la hicieron esbozar una media sonrisa; pequeña, tímida, pero sincera.
Llevaban la alegría, el amor y la positividad que tanto necesitaba.
Una palabra recurrente resonaba en sus oídos… y allí siguió aun cuando el fin del crepúsculo se llevó las sombras consigo.

Puedes.


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