Fueron unos días tranquilos. Tan tranquilos que llegaron a pensar que todos sus problemas se habían terminado.
Qué equivocados estaban.
Aunque el timbre que sonó no fue el de la entrada principal sino el de su piso, Pri no se extrañó. No estaba acostumbrada a recibir visitas, pero quizá algún vecino necesitaba algo de ella.
Al abrir la puerta, sin embargo, no vio a uno de sus vecinos, sino a un desconocido grande y desaliñado, con las pupilas dilatadas y una expresión entre perdida e iracunda. Al mirar a sus manos artríticas y llenas de pequeños cortes vio la botella vacía de una de ellas y comprendió.
Se dispuso a cerrar de un portazo, pero él fue más rápido, poniendo su brazo como palanca. Con pasos firmes pese a ser irregulares, se acercó a ella, cogiéndola por las clavículas con excesiva rudeza, dejando que la botella cayese al suelo, rodando con el sonido típico del vidrio contra el suelo.
El rostro de la muchacha se contrajo en una mueca de dolor mientras trataba de mantener la calma.
- ¿Dónde está mi hijo? - pese a tener entonación de pregunta, era obvio que se trataba de una amenaza.
- Aquí sólo vivo yo. Déjeme en paz.
Trató de girarse y desasirse del hombre, pero no lo consiguió, pues éste mostró los dientes, mareándola con el hedor de su aliento.
- Que me digas dónde está mi hijo, maldita perra. - sus manos cerraron el agarre y la cogieron por el cuello.
Pri quería gritar, pero no podía. ¿Por qué la suerte la había olvidado? ¿Nunca les iban a ir bien las cosas? Se estaba empezando a marear. No podía ser verdad. Nada tenía sentido. Aquél no podía ser el final después de todo lo que había pasado.
Nathan apareció por la puerta más lejana al recibidor. Había escuchado un extraño sonido y una conversación, así que había decidido acercarse a ver qué ocurría.
Sería imposible averiguar qué fue lo primero que le hizo darse cuenta de la situación, si su vista o patear la botella de whisky barato vacía, que rodó hacia las dos figuras hacia las que corrió de inmediato.
- ¡Suéltala!
Su padre, reconociendo su voz, había aflojado las manos por la distracción. Le propinó un puñetazo en la mandíbula con sonido a dientes rotos, y soltó a la joven, que cayó al suelo, tosiendo.
Intentó inclinarse a ayudarla, y recibió una patada en el costado antes de conseguir tan siquiera darle la mano.
"Maldita sea, Nat, deberías tener claro a estas alturas que no debes bajar la guardia".
Como si de una confirmación de su error se tratase, oyó el eco de un golpe seco. Se incorporó lo más rápido que pudo, y vio que Pri estaba inconsciente y tenía media cara enrojecida.
La locura se apoderó de su mente, y comenzó a golpear, una y otra vez, atacando sin pensar en nada más que en ella, dejando salir en cada golpe parte de la rabia acumulada durante años. Se cobraría el sufrimiento recibido.
Cuando recuperó un atisbo de cordura, se vio a sí mismo con una botella rota en la mano, de la que caían gotas de sangre, sangre que compartía con la figura tirada en el suelo que respiraba trabajosamente, sangre que su padre escupía mientras se apretaba el abdomen y trataba de quitarse los cristales de las heridas.
Se obligó a sí mismo a parar, cortándole el paso hacia cualquier otro lugar que no fuese la puerta.
Miró a Pri de reojo, sumamente preocupado. Pero para ayudarla antes tenía que zanjar aquello de una vez por todas. La fuerza y la ira que llevaban sus palabras habrían hecho temblar al más valeroso.
- Olvídate de mi existencia. Yo lo haré de la tuya. No quiero volver a ver nuestros caminos cruzarse... ten claro que si eso sucede uno de nosotros no saldrá con vida. No vuelvas a molestarnos, o tomaré represalias. Ahora vete, antes de que decida cobrarme en sangre todos tus crímenes.
El hombre no dijo nada, sólo le miró con terror, alejándose renqueando sobre la pared.
Una punzada de pena invadió al muchacho, pero se le pasó al ser consciente de que no se lo merecía. Nunca se lo había merecido.
Cuando vio que estaba fuera, cerró la puerta evitando pisar el reguero de gotas carmesí.
Se lanzó hacia Pri, todavía inconsciente.
"Espero que estés bien. Si no, nunca me lo perdonaré".
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