domingo, 16 de noviembre de 2014

Encuentro.

Tardó un poco en soltarle, más o menos lo mismo que tardó en recuperar la calma. Intentando hablar con una voz suave, una pregunta sencilla se formó en sus labios. 

- ¿Cómo te llamas?
- Nathan… pero mejor llámame Nat.- no soportaba que le llamasen por su nombre, pues provocaba que recuerdos no deseados regresasen a su mente.

Ella le miró, muy seria. 

- Nat, escucha. Estás bastante malherido. Necesitas un médico

Comenzó a sacar su teléfono móvil del bolsillo del pantalón, pero el muchacho la detuvo, sujetándola con toda la fuerza que fue capaz pese al temblor de sus manos. 

- No. Estoy bien.

Pese a que sus palabras decían eso, su cuerpo emitía un mensaje diferente, y eso era imposible de ocultar.

- No me parece correcto el mentirle a alguien nada más conocerle.-suspiró, pero guardó el teléfono.-Está bien, pero es obvio que lo necesitas. ¿Por qué no quieres ir?

Un tenso silencio fue la única respuesta que obtuvo. Pero Pri era muy intuitiva, y comprendió. Hizo sus conclusiones públicas con un hilo de voz. 

- No quieres que quien te ha hecho eso te encuentre.

Nathan asintió, tragando saliva de forma involuntaria. No tenía intención de entrar en detalles, nunca la tenía. Hacerlo era un sinsentido. 
Notó la incomodidad del joven, y se puso nerviosa, pues no sabía cómo acabar con ella. 

- ¿Y qué piensas hacer? -tampoco le parecía una pregunta muy apropiada, pero era mejor que quedarse en silencio y que la tensión fuese aumentando. 

Lo meditó un poco antes de responder, pues él tampoco se lo había planteado.

- Supongo que me quedaré por aquí cerca. Parece tranquilo, y el puente de allí -señaló hacia adelante- está algo resguardado del frío. Dormiré, y mañana buscaré una farmacia.

Pri sacudió la cabeza, disgustada.

- Si haces eso me veré obligada a llamar a urgencias para que al menos duermas bajo techo. –hizo una pequeña pausa, pensativa. Quizá ya se había vuelto loca. Quizá nunca estuvo cuerda.- Voy a proponerte algo. Quizá te suene disparatado, porque al fin y al cabo nos acabamos de conocer.
- ¿De qué se trata?

La voz de la muchacha temblaba levemente cuando siguió hablando. 

- Bueno, mi casa no está lejos de aquí,... y tengo un baño, vendas, un sofá relativamente cómodo y mantas.

Él comprendió lo que le estaba ofreciendo, y se incorporó precariamente, casi cayendo de nuevo al frío suelo en el proceso.

- Gracias, pero no creo que deba…-comenzó a decir.

Pri se levantó en menos de un segundo y le cogió por la cintura, obligándole a pasar una mano por sus hombros, oculta bajo la cortina de sus cabellos. 

- La decisión no era tuya, Nat.-su voz esta vez sonó firme, y el destello acerado en sus ojos no dejaba lugar a réplicas. 

Resopló débilmente. Odiaba depender de otros. Pero en aquellas circunstancias escaseaban las opciones, y debía reconocer, muy a su pesar, que aquella era la mejor.
Comenzaron a caminar muy despacio. Nathan, renqueando, se dio cuenta de algo.

- Disculpa, pero… aún no me has dicho tu nombre.
- Puedes llamarme Pri.- dijo ella con una sonrisa tan cálida que se reflejó en el rostro del muchacho como una copia más débil pero igual de sincera. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario